jueves, 1 de marzo de 2007

Alexia Vázquez Hernández

LILIANA HERRERA HERNANDEZ

Nace en la ciudad de México, DF, el 14 de Octubre de 1984. Al año de edad sus padres, por cuestiones económicas deciden mudarse a Pachuca, Hidalgo.

Liliana, a los 6 años, entra a la escuela primaria Teodomiro Manzano. Ingresa a la escuela marista del Estado de Hidalgo: “El instituto hidalguense”, fundación marista que sólo aceptaba hombres, Liliana forma parte de la primera generación de niñas que entraron.

En casa, Liliana siempre está apegada a su mamá y a su abuelita, cocinando y dándole café de olla, personas que se convertirían en su mayor influencia, a los diez años de edad recuerda haber cocinado por primera vez hot cakes para sus hermanas.

En quinto de primaria, una de las tareas mas importantes es aquella donde tienes que hacer algo por ti mismo, ella cocina por primera vez en su vida enjambres de chocolate.

Finaliza la primaria con problemas académicos. Liliana conocía ya a las que serían por toda la vida sus mejores amigas y amigos, es donde frecuenta mucho la casa de Alexia y le ayuda a preparar la comida casera.

La religión que impartían en el instituto la empieza a apreciar cuando en primer año de secundaria su abuelita paterna muere.

Terminando la secundaria, ingresa a la preparatoria Doctor Alberto Zoebich. Se cambia de casa.

En tercer semestre de la preparatoria decide dejar la institución por la forma de enseñanza, y se convierte por un semestre en niñera y ama de casa.

Se incorpora a la escuela el siguiente semestre y descubre poco a poco el arte, al tomar materias optativas que le gustan mucho mas que las materias ordinarias.

Su abuela materna muere de pulmonía ella, ve el cadáver hasta que llega la ambulancia. De ella recuerda los chiles en nogada, su platillo favorito.

La comida forma parte indispensable de su vida, sin embargo ella expresa que el amor al arte es mucho mas grande que el amor culinario.

Terminando su educación preparatoriana se tomo un año sabático para pensar a lo que se iba a dedicar toda su vida.

No pudo entrar a la escuela de artes en Veracruz y se inscribió en la escuela de Real de Monte, instituto de artes, séptimo semestre.

Influye en mi cocina. Allí va su historia.

Cynthia Moreno

Gastro-Inspiración

Al querer hablar de mi inspiración gastronómica...

Me quedo rememorando: ¿quién fue?

Yo quería estudiar primero arte, luego medicina. Pero un día que mi mamá fue internada, al verle el suero en la mano con un poco de sangre, me desmayé y desistí de esa profesión. Luego tuve un novio artista y actor de teatro, y yo, como gran parte de mi trayectoria adolescente estudié teatro, me dije: ¡de aquí soy! E hice mi examen en la UNAM para entrar a literatura dramática y teatro, pero por 5 puntos no me quedé, aunque con el puntaje obtenido bien podría haberme ido a medicina o alguna ingeniería. Luego dije: arte… pero cuando quería meterme a la Esmeralda, en el CNA, ya se habían pasado las fechas de inscripción. En eso, me encontré con el Claustro y dije: me gusta cocinar, tengo el don del servicio, probemos suerte. Además, creo que provengo de una familia de grandes cocineras, hasta los hombres tienen buen sazón. Mi abuela, cuando aún vivía, nos contaba a los nietos y nietas cómo es que su mamá cocinaba, las tortillas las hacía a mano... y mi abuelita, Magdalena García Navarro, oriunda del pueblo de Acámbaro, Guanajuato, cuando era pequeña se ponía junto a ese gran comal de tortillas y ayudaba a voltearlas de igual modo como veía que las demás mujeres hacían. Provenía de una familia humilde, decía que su mamá, María Luisa Navarro, hacía banquetes para algunas familias adineradas o para su misma familia...

Creo que de ahí viene una de mis fuentes de inspiración.

Mi abuelita enseñó a cocinar a mis tías, mi mamá y algunas de mis primas mayores. Era la fuente de recetas y de un guiso muy característico de ella que se llamaba “minguinche”. Un guiso a base de huevo, rajas de chile poblano, crema, queso, jitomate y cebolla; pero era algo espectacular, mis primos y tíos en las comidas o taquizas que se hacían, no podían dejar de pedirle a mi abuela su “minguinche”.

También los frijoles de la olla, ¡wow! ¡Qué manjar! De nadie he podido probar unos frijoles tan deliciosos como los que hacía mi abuela. Aún no descubro qué le ponía a la cazuela al hacerlos, pero eran realmente deliciosos; al igual que sus romeritos y un sin fin de guisos más, que era una experiencia casi religiosa el probarlos.

Después de mi abuela, tomaría como fuente de inspiración a Carmen, una sirvienta de uno de mis tíos más adinerados (jaja). Ir los sábado a Arboledas, en Satélite, era esperar una comida muy basta, y desde la una de la tarde, que se comenzaba con la botanita, la casa ya olía al clásico olor de cebolla y ajo de cuando se está haciendo arroz. Carmen hacía un arroz ¡espectacular! Buen sabor, no apelmazado, textura indicada, olor maravilloso, era un manjar probar el arroz de Carmen. También en Navidad, poder probar los romeritos que ella hacía, era muy bueno. También tengo que recalcar que mi abuelita le enseñó varias cosas a Carmen e hizo que perfeccionara sus técnicas de cocina, al igual que mi tía Anita le enseñó muchas cosas a Carmen, pero creo que ella ya tenía el don de la cocina, una gran cocinera.

Pasando a otra fuente de inspiración...

El chef Frederic Labrouche del Claustro de Sor Juana, pues desde que entramos a la carrera nos contó sus experiencias en la milicia, y nos decía “esto es un oficio fuerte, o lo amas o simplemente coje tus cosas y te vas”. Así de fácil, o se es o no se es, no hay medias tintas en esto de la cocina, nos decía. Él es uno de los pocos que me inspiró a seguir la carrera y estar en los niveles que estoy ahorita. Además, recuerdo una anécdota con el chef Frederic... en alguna ocasión, mi brigada y yo escogimos una receta que llevaba una gallina y había que cocinarla completa en 4 horas, era casi imposible, pero decidimos adaptarla por un pollito de leche, cuando lo hicimos y lo probó al presentar el plato, el chef casi llora, pues nos comentó que esa receta era de su abuela y qué maravilla que nosotras la pudimos adaptar a una clase de 4 horas, nos contó parte de su vida en la infancia y es una experiencia que recuerdo con gran alegría, pues ese es el amor que remite la comida cuando la pruebas, es algo que se te queda en la memoria.

Aunque no soy de las que se mete al 100% a la cocina como lo fueron o lo hacen mis fuentes de inspiración, me encanta combinar la gastronomía con el arte, ya que más que nada soy una artista... Y puesto que la comida y el arte van muy de la mano... Veo muy claro que mis inspiradores son unos artistas; pues tienen el don de hacer bien las cosas y lo que crean es algo maravilloso que se te queda guardado en la memoria.

Aline Neri Fernández

Para elegir estudiar la carrera de gastronomía, no hubo alguna influencia directa en mí de familiares o amigos que me llevaran a tomar esta decisión. Por esto me atrevo a decir que la elección fue un poco arriesgada, puesto que a ciencia cierta no sabía qué era lo que iba a enfrentar. Este mundo particular, lleno de personalidades y experiencias únicas e incomparables, que solo un gastrónomo o cocinero puede vivir y que realmente es lo que nos identifica como cocineros. Por ejemplo, las largas jornadas de trabajo, la entrega a la cocina o el mal o buen trato que puede haber en una cocina, sobre todo para una mujer. No queriendo sonar demasiado feminista, me atrevo a decir que el ambiente de cocina siempre es más pesado para una mujer. Todo esto que expreso, es lo que yo he vivido en mi poca experiencia como cocinera. Pero esto de la gastronomía es realmente lo que me gusta y me motiva, ya que no me imagino haciendo otra cosa que no sea cocinar y crear.

Al ingresar a la universidad he conocido compañeros, profesores y chefs que realmente les apasiona la gastronomía, al igual que he podido encontrar personas que no disfrutan de esta carrera, como hay chefs que realmente hacen un poco decepcionante a la gastronomía. Pero hubo una chef que marcó una gran diferencia en mi visión culinaria, su nombre es María Baéz. Con ella curse las materias de pastelería francesa y dulces árabes, clases que fueron sumamente motivadoras, puesto que su exigencia y disciplina fueron de gran ayuda para mí, ya que me di cuenta que esto es lo que realmente me gusta hacer y sobre todo el gran afán de hacer las cosas bien, es decir porque las siento y me agrada hacerlo.

La chef María Baéz es originaria de Mérida, Yucatán. De ascendencia libanesa, a los 17 años decide irse de su casa, por las imposiciones de sus padres, al quererla casar con alguien que ella no había elegido. Se va a Barcelona, España, becada. Trabaja en restaurantes y encuentra el gusto por la pastelería. Realiza varios cursos y aprende a hablar francés, regresa a México y se casa, concibe dos hijos y hace estudios de pastelería en la universidad Ambrosia. Imparte clases de pastelera francesa y dulces árabes en la universidad del Claustro de Sor Juana, al mismo tiempo que practica el yoga. Actualmente, la chef María Baéz es maestra de yoga y dejó la docencia culinaria por un rato, pero su gran enseñanza quedará plasmada en mi pasión por esta carrera. Es por esto que le agradezco su entrega y pasión por la cocina y el haberlo transmitirlo a nuevas generaciones.